Venezuela en Transición: América Latina y su rol como articuladora de una democracia inclusiva

 

Venezuela en Transición: América Latina y su rol como articuladora de una democracia inclusiva



Por Hazael Juárez


El Momento Histórico y sus Interrogantes


El 3 de enero de 2026, el mundo despertó con una noticia que marcará un antes y un después en la historia de Venezuela y América Latina: la detención de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Adela Flores tras una operación militar estadounidense. Las imágenes de helicópteros sobrevolando Caracas, los ataques a instalaciones militares y la declaración del presidente Trump de que Estados Unidos "gobernará el país hasta que haya una transición adecuada" nos colocan frente a una encrucijada histórica.


Más allá del análisis inmediato de los hechos y sobre las violaciones a la soberanía nacional de Venezuela conforme al derecho internacional, surgen algunas interrogantes fundamentales: ¿Qué viene después de la captura? ¿Repetiremos los errores del pasado o construiremos algo diferente? La historia de América Latina está plagada de intervenciones, transiciones fallidas y oportunidades perdidas. Venezuela no puede ser una más en esa lista.


Como escribí en mi artículo "Conflicto: Aprende a Gestionarlo", las crisis pueden convertirse en oportunidades de transformación si se gestionan con visión estratégica, inclusión y compromiso con el diálogo. Este es precisamente uno de esos momentos donde América Latina debe demostrar su madurez democrática y su capacidad de articulación regional.


El Contexto: Más Allá de la Operación Militar


Los hechos son complejos y las narrativas, múltiples. La operación militar estadounidense, justificada por Washington como una acción contra el narcotráfico y la dictadura, ha generado reacciones profundamente divididas en la región. 


Mientras el presidente argentino Javier Milei celebraba con un “La libertad avanza. Viva la libertad carajo”, los presidentes Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia), Gabriel Boric (Chile)  y Claudia Sheinbaum (México) condenaban lo que consideran una violación flagrante de la soberanía venezolana.


Esta polarización regional refleja justamente los mismo, pero al interior de Venezuela, un país que tras más de 25 años de chavismo —primero con Hugo Chávez y luego con Nicolás Maduro— enfrenta no solo una crisis política, sino una fractura social profunda. El legado del chavismo es complejo: para algunos, representa un intento de justicia social y redistribución; para otros, es sinónimo de autoritarismo, corrupción y colapso económico.


Pero aquí surge una cuestionamiento crítico (estrictamente necesario) que América Latina debe plantearse: ¿Quién define qué es una "transición adecuada"? ¿Solo Washington? ¿O la comunidad internacional, con participación protagónica de los países latinoamericanos y, sobre todo, del pueblo venezolano?. 


También surgen otras interrogantes: ¿qué países latinoamericanos deberían participar?, ¿qué nación no latinoamericana puede actuar como mediadora?, España ya se ha auto-propuesto.


Las respuestas a estas preguntas determinará si estamos ante una verdadera transición democrática o ante una nueva forma de intervencionismo.


América Latina como Observador Pacífico: Un Llamado Urgente


De espectadores a constructores de paz


América Latina no puede permanecer como espectadora pasiva de lo que sucede en Venezuela. Tampoco puede dividirse en bloques ideológicos que reproduzcan la Guerra Fría. Lo que necesitamos es un rol activo, constructivo y, sobre todo, pacífico que garantice que la transición venezolana respete el derecho internacional, la soberanía y los derechos humanos.


Desde mi perspectiva, me atrevo a proponer la conformación urgente de una Comisión Latinoamericana de Observación y Acompañamiento (CLOA), integrada por países con diferentes posturas ideológicas —México, Colombia, Brasil, Chile, Uruguay, Costa Rica, u otros (cuyo mandato sea claro):


  • Garantizar que cualquier proceso de transición respete la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional.
  • Verificar que no se cometan violaciones de derechos humanos por ningún actor (incluyendo fuerzas estadounidenses).
  • Facilitar espacios de diálogo entre actores venezolanos diversos.
  • Acompañar la construcción de instituciones democráticas legítimas.
  • Evitar que se repitan los errores de intervenciones pasadas en la región.


Esta comisión debe trabajar en coordinación con organismos regionales como la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), la OEA con participación equilibrada, y mecanismos de verificación independientes de Naciones Unidas.


Como he explorado en mi artículo "Construcción de Alianzas para OSCs", la articulación de actores diversos con objetivos comunes requiere claridad en los propósitos, respeto a las diferencias y compromiso con resultados concretos. La CLOA debe operar bajo estos principios.


Alianzas Multisectoriales para la Reconstrucción


Más allá del gobierno: una red de actores para la resiliencia


Mi experiencia de 20 años articulando alianzas multisectoriales me ha enseñado algo fundamental: las transiciones exitosas no se construyen solo desde el gobierno, sino desde una red amplia de actores comprometidos con objetivos compartidos.


Venezuela necesita un modelo de articulación multisectorial que involucre a todos los sectores de la sociedad:





Gobierno e instituciones públicas:


  • Reconstrucción de instituciones democráticas independientes (poder judicial, electoral, legislativo).
  • Implementación de mecanismos de justicia transicional.
  • Reforma de fuerzas de seguridad con enfoque de derechos humanos y controles democráticos de la policía.
  • Descentralización y fortalecimiento de gobiernos locales.


Sector privado:

  • Inversión responsable en reconstrucción económica (no extractivismo predatorio).
  • Generación de empleo digno y formal.
  • Apoyo a pequeñas y medianas empresas venezolanas.
  • Compromiso con estándares internacionales de transparencia.


Organizaciones de la Sociedad Civil:

  • Monitoreo independiente de derechos humanos.
  • Atención psicosocial a víctimas de violencia política.
  • Programas de reconciliación comunitaria.
  • Fortalecimiento del tejido social.


Academia y centros de investigación:

  • Documentación histórica rigurosa de lo ocurrido.
  • Análisis independiente de políticas públicas.
  • Formación ciudadana en democracia y derechos humanos.
  • Espacios de reflexión crítica.


Organismos internacionales:

  • ONU: Verificación, asistencia técnica, protección de derechos humanos.
  • CIDH: Monitoreo de justicia transicional.
  • Apoyo financiero para reconstrucción (sin condicionamientos políticos).


Lecciones de otras transiciones latinoamericanas


América Latina tiene experiencia en transiciones. Podemos aprender de:

  • Chile post-Pinochet: La Comisión de Verdad y Reconciliación (Comisión Rettig) que documentó violaciones de derechos humanos sin buscar venganza.
  • Argentina post-dictadura: Los Juicios a las Juntas y las políticas de memoria histórica que sentaron precedentes internacionales.
  • Colombia: Los Acuerdos de Paz y el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (con sus aciertos y desafíos).


Cada contexto es único, pero hay principios comunes: verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Venezuela debe adaptar estas lecciones a su realidad.


Propuesta concreta:


Crear "Mesas de Diálogo Sectorial” donde cada sector aporte desde su expertise, dichas aportaciones sean transformadas en estrategias (dígase programas) y monitoreadas en su implementación. Por ejemplo:

  • Mesa de Reconstrucción Económica (empresarios, sindicatos, economistas).
  • Mesa de Justicia Transicional (juristas, víctimas, defensores de DDHH).
  • Mesa de Educación y Cultura (docentes, artistas, estudiantes).
  • Mesa de Salud y Bienestar Social (médicos, trabajadores sociales, comunidades).


Perspectiva de Género e Inclusión: Voces Históricamente Excluidas


Una transición que incluya a todas las voces


Aquí debo hacer una crítica constructiva pero necesaria: las transiciones políticas suelen ser negociadas por hombres en posiciones de poder. Las imágenes que dominan la narrativa son de Trump, Maduro, líderes militares, presidentes. ¿Dónde están las mujeres? ¿Dónde están las juventudes? ¿Dónde están las comunidades indígenas y afrodescendientes?.


Si Venezuela quiere construir una democracia verdaderamente inclusiva, debe romper con este patrón histórico. 


Visibilizar el rol de las mujeres venezolanas


Las mujeres venezolanas han sido protagonistas de la resistencia pacífica, han sostenido a sus familias durante la peor crisis migratoria y económica de la historia del país, y han mantenido vivas las redes comunitarias cuando las instituciones colapsaron. 


Desde líderes políticas como María Corina Machado hasta activistas de base en barrios populares, las mujeres han demostrado liderazgo, resiliencia y compromiso democrático.


Sin embargo, cuando llega el momento de negociar la transición, sus voces suelen quedar marginadas. Esto no es solo injusto; es estratégicamente erróneo. 


Las sociedades que excluyen a las mujeres de los procesos de toma de decisiones construyen democracias incompletas y frágiles.



Propuestas concretas de inclusión


Para que la transición venezolana sea verdaderamente transformadora, propongo:

  1. Cuota mínima del 50% de mujeres en cualquier mesa de negociación, gobierno de transición, comisión de verdad o instancia de toma de decisiones. No como "cuota simbólica", sino con poder real de decisión.
  2. Consejos Consultivos de Juventudes: Los jóvenes venezolanos menores de 30 años —que representan una parte significativa de la población y que no vivieron el chavismo inicial— deben tener voz institucionalizada. Ellos heredarán el país que ya se está construyendo desde hoy.
  3. Representación de comunidades indígenas y afrodescendientes: Históricamente marginadas tanto por gobiernos anteriores como por el chavismo, estas comunidades deben participar en la definición del nuevo proyecto de país. Sus conocimientos, cosmovisiones y propuestas son fundamentales para una Venezuela diversa y plural.
  4. Mecanismos de participación para infancias: Aunque no voten, los niños, niñas y adolescentes deben ser considerados en todas las políticas públicas. Crear espacios donde puedan expresar sus necesidades, miedos y esperanzas (a través de escuelas, organizaciones comunitarias, arte).
  5. Inclusión de personas LGBTIQ+: Que han enfrentado persecución y exclusión sistemática. Una democracia inclusiva reconoce y protege todas las identidades y orientaciones.


Enfoque de impacto diferenciado


La crisis venezolana no afectó a todos por igual. Es fundamental reconocer estos impactos diferenciados:


Mujeres:

  • Aumento de violencia de género en contextos de crisis.
  • Carga desproporcionada de cuidados (niños, ancianos, enfermos).
  • Feminización de la pobreza.
  • Acceso limitado a salud reproductiva.


Infancias:

  • Desnutrición crónica que afecta desarrollo cognitivo.
  • Interrupción educativa (años perdidos).
  • Exposición a violencia y trauma.
  • Migración forzada que fragmenta familias.


Juventudes:

  • Generación sin oportunidades laborales.
  • Fuga de cerebros (migración de jóvenes profesionales).
  • Desesperanza y pérdida de proyecto de vida.


Personas LGBTIQ+:

  • Persecución política y social.
  • Exclusión de servicios de salud.
  • Violencia específica no documentada.


Cualquier plan de reconstrucción debe abordar estas realidades específicas con políticas diferenciadas, no con un enfoque "neutro" que en la práctica perpetúa desigualdades.


Derechos Humanos y Justicia: Pilares No Negociables


Sin justicia no hay paz duradera


Mi formación en Derechos Humanos me ha enseñado algo fundamental: no hay paz duradera sin justicia, y no hay justicia sin verdad. Venezuela necesita un proceso de justicia transicional robusto que incluya:


Investigación exhaustiva de crímenes:

  • Violaciones de derechos humanos cometidas durante el gobierno de Maduro (torturas, desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales).
  • Crímenes de lesa humanidad documentados por organismos internacionales.
  • Pero también: posibles violaciones cometidas durante la operación militar estadounidense.
  • Violencia política de todos los actores (no solo del gobierno).


Reparación integral a víctimas:

  • Reparación material (compensación económica).
  • Reparación simbólica (monumentos, días de memoria).
  • Rehabilitación (atención psicosocial, médica).
  • Satisfacción (reconocimiento público de responsabilidades).


Garantías de no repetición:

  • Reforma institucional profunda.
  • Educación en derechos humanos.
  • Fortalecimiento de mecanismos de control democrático.
  • Memoria histórica activa.


Equilibrio delicado:


Este proceso debe buscar justicia sin venganza, memoria sin odio. No se trata de persecución política, sino de responsabilidad por crímenes específicos. Los estándares deben ser los mismos para todos los actores.


Rol de organismos internacionales


Venezuela debe invitar y facilitar el trabajo de:


  • Corte Penal Internacional: Para investigar crímenes de lesa humanidad.
  • Comisión Interamericana de Derechos Humanos: Para monitoreo continuo.
  • Relatores Especiales de ONU: Sobre tortura, desapariciones forzadas, independencia judicial.
  • Misión Internacional Independiente: Para documentación y verificación.


La justicia internacional no es una amenaza a la soberanía; es un complemento necesario cuando las instituciones nacionales están debilitadas.


Una primera reflexión


Hasta aquí he analizado el contexto, las oportunidades para América Latina y los pilares fundamentales que debe tener cualquier proceso de transición: alianzas multisectoriales, inclusión de voces históricamente excluidas y justicia transicional.


En la Parte II de este artículo exploraré cómo construir espacios de resiliencia en un país polarizado, qué acciones concretas puede tomar cada actor (gobiernos, OSCs, sector privado, ciudadanía), y cómo Venezuela puede transitar hacia una democracia verdaderamente participativa.


La pregunta sigue abierta: ¿repetiremos los errores del pasado o construiremos algo diferente? La respuesta la construiremos entre todos.



* Imagen de mapa obtenida de Freepik


Sobre el autor


Hazael Juárez es comunicólogo con Maestría en Derechos Humanos y 20 años de experiencia liderando vinculación institucional y desarrollo de alianzas multisectoriales. Ha articulado redes con más de 65 organizaciones (gobierno, cámaras empresariales, OSCs, fundaciones, universidades) y trabajado en contextos internacionales en Canadá, Francia y con organismos multilaterales.


Escribe sobre construcción de alianzas, gestión de conflictos y participación ciudadana en su blog Colaborando por las Alianzas.


Contacto: 

hazajuarez@icloud.com | hazael.consultor@gmail.com

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